De Jurassic Park a La Rioja: los dinosaurios reales que nos dejaron huella(s)

De Jurassic Park a La Rioja: los dinosaurios reales que nos dejaron huella(s)

El 11 de junio tenemos doble excusa para hablar de dinosaurios. Por un lado, celebramos el aniversario de Jurassic Park tal día en 1993, la película que convirtió a varias generaciones en fans absolutos de los rugidos, los velociraptores, los jeeps amarillos y las puertas que nunca deberían haberse abierto. Por otro, en Logroño es San Bernabé, una de esas fechas marcadas en rojo en el calendario riojano, con historia, tradición, pan, pez, vino, mucho orgullo local y muchos puestos medievales.

Y claro, si juntas Jurassic Park, La Rioja y un 11 de junio, el resultado solo podía ser este: un viaje entre los dinosaurios de cine y los dinosaurios reales que caminaron por nuestra tierra hace unos 120 millones de años.

Si, si, todos queremos mucho al T. Rex de Spielberg, pero aquí venimos a hablar de algo real que te pone los pelos de punta: huellas fosilizadas, huesos reales y yacimientos que convierten a La Rioja en uno de los territorios paleontológicos más importantes del mundo. No hay niño riojano al que no le hayan llevado con el colegio a ver las huellas de estos gigantes que parecen sacados de la ficción.

Por supuesto, no vamos a ponernos exquisitos con el rigor científico de Jurassic Park. No hemos venido a arruinarle la infancia a nadie diciendo que los velociraptores eran más pequeños, que seguramente tenían plumas o que el ADN no se conserva alegremente dentro de un mosquito durante millones de años. A Jurassic Park se la quiere por lo que es: una aventura perfecta, que siempre que te la encuentras a medio poner la acabas porque te engancha como la primera vez, una puerta de entrada a la fascinación por los dinosaurios y una de las películas más importantes de la cultura pop.

Pero ya que estamos de aniversario, vamos a cruzar esa puerta y mirar hacia los dinosaurios a los ojos, bueno, a los huesos. Y resulta que para eso no hace falta irse a Isla Nublar. Basta con mirar un poquito hacia el sur de La Rioja.

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La Rioja: no es Isla Nublar, pero ahí anda

Cuando pensamos en dinosaurios solemos imaginar selvas imposibles, laboratorios secretos, islas perdidas y científicos con sombrero que saben que algo va a salir fatal desde el minuto uno. Pero hace unos 120 millones de años, durante el Cretácico Inferior, lo que hoy conocemos como La Rioja era un paisaje muy distinto: zonas húmedas, lagos, deltas, barro, vegetación y animales moviéndose por terrenos blandos que, con el paso del tiempo, acabarían convirtiéndose en roca.

Ese detalle del barro es importante. Muchísimo. Porque los dinosaurios no dejaron restos que dijeran “Alguien que me quiere vino a La Rioja y me trajo esta camiseta”, pero lo que si que dejaron, fueron sus pisadas en el barro fresco. Las famosas icnitas, no son otra cosa que huellas fosilizadas y es de lo que más tenemos por la zona. Hablamos de más de 11.000 huellas repartidas en más de 170 yacimientos, con zonas clave como Enciso, Igea, Munilla, Cornago, Soto en Cameros o Laguna de Cameros.

Las icnitas tienen algo muy especial. Un hueso nos ayuda a saber cómo era un dinosaurio, qué tamaño tenía o a qué grupo pertenecía. Pero una huella nos habla de comportamiento. Nos dice si caminaba, si corría, si iba solo, si se movía en grupo, si pisaba en barro profundo o si incluso estaba nadando. Es como encontrar una escena congelada del pasado. No ves al dinosaurio, pero ves el gesto. Ves el momento. Ves la vida, que se abre camino… literalmente.

Jurassic Park nos hizo soñar, La Rioja nos apasiona con la realidad

Jurassic Park tiene una capacidad maravillosa para hacer que todo parezca gigantesco. El vaso de agua temblando, el primer braquiosaurio levantando el cuello, el T. Rex saliendo entre la lluvia, los velociraptores en la cocina… Todo está pensado para que se te quede grabado en la cabeza. Y vaya si lo consiguió.

Pero la paleontología real tiene otro tipo de magia. Una magia menos explosiva, pero igual de poderosa. Imagina estar delante de una roca en La Rioja y saber que esa marca no es una grieta cualquiera: es la pisada de un animal que vivió hace miles de millones de años. Un dinosaurio real, no generado por ordenador, no animatrónico, no diseñado para vender palomitas. Un ser vivo que caminó por ahí cuando no existía Logroño, ni San Bernabé, ni el vino de Rioja, ni los humanos preguntándose si deberían o no clonar dinosaurios.

Ahí van unos hitos igualmente inolvidables de los que tenemos que sentirnos orgullosos y asombrados:

Riojavenatrix lacustris: la cazadora del lago

Si hablamos de dinosaurios riojanos reales, hay un nombre que tiene que aparecer sí o sí: Riojavenatrix lacustris. Suena a criatura que podría tener su propia entrada dramática en una película, pero no es inventada. Es una especie descrita en 2024 y uno de los grandes orgullos paleontológicos de La Rioja.

El nombre ya mola bastante: Riojavenatrix significa algo así como “la cazadora de La Rioja”, y lacustris hace referencia a su relación con ambientes lacustres, es decir, zonas de lagos. Era un espinosáurido, un grupo de dinosaurios carnívoros muy reconocible por sus cráneos alargados, parecidos a los de los cocodrilos, y por una forma de vida muy vinculada al agua. Si en tu cabeza ha aparecido automáticamente el Spinosaurus de la saga Jurassic Park, vas bien encaminado en cuanto a familia lejana.

Riojavenatrix lacustris medía alrededor de 7 u 8 metros de largo y podía pesar en torno a 1,5 toneladas. No era precisamente una lagartija. Se alimentaría principalmente de peces, aunque como buen depredador tampoco le haría ascos a otras presas si se ponían a tiro. La imagen es bastante potente: un gran carnívoro moviéndose por zonas húmedas de lo que hoy es Igea, con un cuerpo adaptado a un mundo de lagos, orillas y barro.

Reconstrucción del Riojavenatrix por TotalDino en Wikimedia Commons

Lo más interesante es que este descubrimiento ayuda a ponerle “cara” a los animales que antes conocíamos sobre todo por sus pisadas. Durante mucho tiempo, La Rioja fue famosa principalmente por sus icnitas. Y lo sigue siendo. Pero los hallazgos óseos de los últimos años, especialmente en Igea, están añadiendo una nueva capa al relato: ya no solo sabemos que los dinosaurios pasaron por aquí, sino que empezamos a conocer mejor quiénes eran algunos de ellos.

Igea: mucho más que huellas

Representación a escala real de unos 11 metros del Baryonyx en Igea, instalada por Paleoymas

Igea es uno de esos lugares que cualquier fan de los dinosaurios debería tener en el radar. Y no solo porque allí se hayan encontrado icnitas importantes, sino porque sus yacimientos han dado restos óseos de enorme valor. En la zona han aparecido materiales relacionados con espinosáuridos, dinosaurios carnívoros especializados en ambientes acuáticos, y durante años algunos restos se vincularon al entorno de Baryonyx, otro nombre clásico para quienes disfrutan de los depredadores con hocico de cocodrilo.

Entre esos hallazgos destaca una extremidad posterior muy completa atribuida a espinosáuridos, una pista clave para entender mejor cómo eran estos animales en Europa. Es decir: no estamos hablando de una piedrecita simpática con forma rara, sino de restos que ayudan a reconstruir la anatomía de un gran depredador del Cretácico.

Pero Igea no vivía solo de carnívoros. También se han encontrado restos de dinosaurios herbívoros, desde pequeños hipsilofodóntidos, a veces conocidos de forma más cariñosa como “hipsi”, hasta grandes iguanodóntidos. Los primeros serían animales bípedos, ágiles y relativamente pequeños, de unos dos metros de largo, perfectos para salir corriendo si un depredador con cara de pocos amigos decidía que era la hora de comer. Los iguanodóntidos, en cambio, jugaban en otra liga: herbívoros grandes, capaces de alcanzar tamaños cercanos a los 10 metros y de desplazarse tanto a dos como a cuatro patas.

Y luego están los titanosaurios, los gigantes de cuello y cola largos. En Igea se han recuperado restos de un saurópodo de tamaño colosal al que los investigadores apodaron “Goliat”. El apodo no necesita mucha explicación. Cuando a un dinosaurio herbívoro enorme le llamas Goliat, es que precisamente pequeñito no era.

Enciso y las pisadas que cuentan historias

Enciso es probablemente uno de los nombres más conocidos cuando se habla de dinosaurios en La Rioja. Y con razón. Es una zona espectacular para ver icnitas y entender que las huellas no son solo “marcas bonitas” en una roca. Son páginas de un libro escrito en barro hace millones de años.

Uno de los casos más fascinantes es el de Theroplantigrada encisensis, una huella tan particular que recibió nombre propio. Se encontró en Enciso y revela algo muy curioso: un dinosaurio carnívoro que caminaba apoyando toda la planta del pie, no solo los dedos como hacían muchos otros terópodos. Además, presentaba indicios de membranas entre los dedos, lo que apunta a una adaptación a zonas fangosas o acuáticas.

Dicho de forma menos técnica: en Enciso tenemos la pista de un dinosaurio carnívoro que se movía como alguien que sabe lo que es pisar barro complicado. No era el típico depredador cinematográfico corriendo sobre suelo seco en plano épico. Era un animal real, adaptado a su entorno, dejando huellas en un paisaje húmedo. Y eso, sinceramente, tiene bastante más encanto científico que muchas persecuciones imposibles.

Además, Enciso permite algo muy valioso para el público general: ver la paleontología en el terreno. No hace falta imaginarlo todo desde una vitrina. Puedes acercarte a los yacimientos, observar los rastros y entender que esos animales estuvieron ahí. Para un fan de Jurassic Park, es una experiencia muy potente: pasar de ver dinosaurios en pantalla a contemplar las marcas reales que dejaron sus primos lejanos en la roca riojana.

Dinosaurios nadadores en Laguna de Cameros

Y ahora viene una de esas partes que parecen sacadas de una escena eliminada de Jurassic Park: en La Rioja también se han identificado huellas de dinosaurios nadadores. Sí, dinosaurios nadando. No, no es un giro de guion para vender una secuela.

En Laguna de Cameros se estudiaron 27 huellas especialmente raras que indican que algunos terópodos eran capaces de desplazarse por el agua. Las marcas sugieren que el animal flotaba o avanzaba con parte del cuerpo suspendida, tocando el fondo con las puntas de las garras para impulsarse. Es decir, no iba caminando tranquilamente por tierra firme, sino dejando señales de un comportamiento acuático muy poco habitual en el registro fósil.

Este tipo de hallazgo es importantísimo porque nos obliga a imaginar a los dinosaurios de una forma menos rígida. No eran figuras de museo colocadas en postura dramática. Eran animales que se adaptaban, exploraban, cruzaban zonas inundadas y resolvían los problemas de su entorno como podían. Algunos corrían. Otros pastaban. Otros cazaban peces. Y algunos, al parecer, nadaban lo suficientemente bien como para dejarlo grabado en la roca.

La vida cotidiana en el Cretácico riojano

Otra de las cosas más bonitas de las icnitas es que nos permiten ver comportamientos colectivos. En Soto en Cameros, por ejemplo, se ha documentado evidencia de saurópodos caminando juntos a cuatro patas. Y eso cambia mucho la forma en la que imaginamos la escena.

No vemos un dinosaurio solitario posando para la cámara. Vemos un grupo. Una manada. Animales grandes desplazándose juntos por un paisaje que hoy reconocemos como riojano, pero que entonces era un mundo de lagos, ríos, vegetación y sedimentos blandos. Es fácil imaginar el sonido de sus pasos, el barro hundiéndose bajo sus patas y esas huellas quedando marcadas sin que nadie, absolutamente nadie, pudiera sospechar que millones de años después acabaríamos mirándolas con cara de asombro.

Este es uno de los grandes valores de La Rioja paleontológica: no solo conserva restos, conserva escenas. Pequeños fragmentos de una película natural que se rodó muchísimo antes de que existiera el cine.

Una curiosidad: el Riojasaurus no es de La Rioja

Aquí viene un dato perfecto para soltar en una cena, en una visita a un yacimiento o mientras alguien intenta hacerse el experto en dinosaurios después de ver dos documentales. Existe un dinosaurio llamado Riojasaurus y una familia conocida como Riojasauridae. Con ese nombre, lo lógico sería pensar que tienen algo que ver con La Rioja española…Pues no!

Riojasaurus no viene de La Rioja, España, sino de la provincia de La Rioja, en Argentina. Es una de esas coincidencias maravillosas que parecen diseñadas para confundir a todo el mundo. Así que, si alguien te dice “mira, el Riojasaurus era riojano”, puedes ponerte gafas imaginarias de paleontólogo y responder: “sí, pero de la otra Rioja”. Y quedas como un Ian Malcolm de la vida real, pero con menos camisa abierta (o no ;-)).

San Bernabé, Jurassic Park y una ruta mental por la Rioja jurásica

El 11 de junio Logroño mira a su historia con San Bernabé, recordando la defensa de la ciudad y llenando las calles de ambiente festivo. Y ese mismo día, los fans de la cultura pop podemos mirar también a otra historia mucho más antigua: una que no se mide en siglos, sino en millones de años.

Por eso este aniversario es una ocasión perfecta para recordar que La Rioja no solo es tierra de vino, fiestas y paisajes increíbles. También es tierra de dinosaurios. De huellas. De depredadores acuáticos. De herbívoros gigantes. De pequeños corredores. De rastros de manadas. De barro convertido en piedra. De ciencia real con más épica de la que parece.

Por qué seguimos queriendo tanto a Jurassic Park

Quizá la razón por la que Jurassic Park sigue funcionando tan bien después de tantos años es que nunca fue solo una película de dinosaurios. Era una película sobre asombro. Sobre mirar algo imposible y sentir, por un momento, que el mundo es más grande de lo que pensabas. Y eso es justo lo que ocurre cuando descubres las huellas de dinosaurio de La Rioja.

No hay vallas electrificadas. No hay jeeps perseguidos por tiranosaurios. No hay un empresario diciendo que no ha reparado en gastos justo antes de que todo salga regular. Pero sí hay algo igual de poderoso: la certeza de que esos animales existieron y caminaron por lugares que hoy podemos visitar.

La ciencia real no necesita quitarle magia a la ficción. Al contrario: la hace más grande. Porque cuando sabes que en La Rioja hubo espinosáuridos como Riojavenatrix, dinosaurios herbívoros enormes, huellas con membranas entre los dedos y rastros de animales nadadores, vuelves a ver Jurassic Park con otros ojos. Sigues disfrutando del rugido del T. rex, claro que sí. Pero también entiendes que la realidad tiene sus propios monstruos maravillosos.

Y si después de leer esto te han entrado ganas de volver a ver Jurassic Park, montar tu propia expedición paleontológica por La Rioja o rodearte de dinosaurios sin necesidad de clonar nada raro en un laboratorio, tenemos una zona perfecta para ti. Echa un vistazo a nuestra selección de regalos de Jurassic Park y celebra el aniversario como se merece: con nostalgia, ciencia, mucho amor por los dinosaurios y cero posibilidades de que un velociraptor abra la puerta de tu cocina.

Preguntas rápidas sobre dinosaurios en La Rioja

¿Hubo dinosaurios reales en La Rioja?

Sí. En La Rioja se han encontrado miles de icnitas, restos óseos y evidencias de distintos tipos de dinosaurios que vivieron hace unos 120 millones de años, durante el Cretácico Inferior. Entre los hallazgos más destacados está Riojavenatrix lacustris, una especie de espinosáurido descrita en 2024.

¿Qué son las icnitas?

Las icnitas son huellas fosilizadas. En el caso de La Rioja, muchas de ellas se formaron cuando los dinosaurios pisaron zonas de barro blando. Con el paso de millones de años, esos sedimentos se endurecieron y conservaron las marcas.

¿Dónde se pueden ver huellas de dinosaurio en La Rioja?

Algunas de las zonas más conocidas están en Enciso, Igea, Munilla, Cornago, Soto en Cameros y Laguna de Cameros. Enciso es uno de los lugares más populares para acercarse al mundo de las icnitas, especialmente si se quiere hacer una visita divulgativa y familiar. Aunque hay tantas esparcidas por la zona que cada pueblo tiene sus huellas casi secretas.

¿Riojasaurus era de La Rioja?

No. Aunque el nombre pueda llevar a confusión, Riojasaurus fue descubierto en la provincia de La Rioja, en Argentina. No tiene relación directa con La Rioja española.

Bibliografía y enlaces interesantísimos:
https://centropaleontologicodeenciso.org/yacimientos/
http://www.dinosaurios-igea.com/
https://dinosauriosdelarioja.com/
https://www.unirioja.es/identificadas-en-laguna-de-cameros-27-huellas-de-dinosaurios-que-sabian-nadar/
https://www.larioja.com/culturas/cuarenta-restos-oseos-20190716123241-nt.html
https://nuevecuatrouno.com/2023/10/24/video-huellas-dinosaurio-nadadores-laguna-cameros-universidad-rioja/

Pero no dejes de ver este pdf donde está super fácil toda la info:
https://dinosauriosdelarioja.com/wp-content/uploads/2022/09/Dinosaurios-de-La-Rioja-1.pdf

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