Hora de Aventuras, para siempre

Hora de Aventuras, para siempre

Adiós, Finn, adiós , Jake. Adiós, Marceline, adiós, Chicle. Hora de Aventuras, adiós: han sido ocho años maravillosos.

Desde el pasado lunes, cuando se emitió el último episodio, Hora de Aventuras es un clásico. En realidad ya lo era desde años antes. A mucha gente le pasó tal que así: un día caímos por casualidad en un episodio, y nos gustó más o menos. Pero otro día, de pronto, en otro episodio, hubo algo que nos agarró para siempre. Por el surrealismo, por el humor raruno, por los personajes maravillosos.

Y sobre todo, por esos momentos de extraña poesía que casi ninguna otra serie ha sido capaz de crear, muchas veces en forma de canciones que en otro sitio quizá nos hubieran parecido horribles.

Pero quién no sintió un pellizco en el corazón con aquél “perdóname por lo que pueda hacer cuando no te recuerde”.

 

Adiós, Hora de Aventuras. Han sido cientos de capítulos de, sí,  aventuras de todos los tipos, sobre todos de ésas que no se solucionaban con la espada, sino con el corazón. Hasta el último beso (no spoiler, tranquis), perfecto en el cuándo y en el quién.

Nos hemos reído, y hemos llorado un poco. Gracias, Jake el perro y Finn el humano. Fue un placer conoceros.

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